Cualquiera que haya estado en algún país de mayoría musulmana conocerá del gusto por lo extremadamente dulce de los moros que se refleja en, por ejemplo deliciosos pasteles saturados de azucar.
Quizás sabiendo esto, Barack Obama les ha enviado desde El Cairo un lamentable mensaje cargado de medias verdades e ideas voluntaristas —pero dulzón y merengado— que deberían avergonzar a cualquiera que vaya más allá de ver las noticias de La 1 y quedarse contento con el talante del presidente.
Soy de los que opina que la política internacional suele estar movida por fuerzas mucho más poderosas que la mera voluntad de llevarse bien o mal de los líderes, y debido a ello desconfío bastante de lo que una charleta de este tipo puede conseguir. De todas formas en la lógica del político estos actos sí tienen sentido e irremediablemente tienen que consistir en dar cera y quitar cera a partes más o menos iguales.
Pero la cera que Obama les ha dado a los moros desde El Cairo es una ristra de tópicos multiculturales y superficiales; algo muy patético viniendo de alguien que todo el mundo nos ha vendido como un gran intelectual.
Y también hay que tener mucho cuidado a la hora de valorar la supuesta nueva forma de dirigirse al mundo musulmán de la administración Obama. Lo que muchos analistas ven como inéditas muestras de concordia hacia los mahometanos quizás no sean tal cosa, como ya comenté con motivo de la toma de posesión el pasado febrero comparando los discursos inaugurales de Obama y Bush. Y es que ya la pasada administración trataba de dejar claro la distinción entre los objetivos de la Guerra contra el Terrorismo y El Islam.
Uno de los fragmentos más repugnantes de su discurso ha sido la mención del Tratado de Trípoli en este párrafo:
I know, too, that Islam has always been a part of America's story. The first nation to recognize my country was Morocco. In signing the Treaty of Tripoli in 1796, our second President John Adams wrote, "The United States has in itself no character of enmity against the laws, religion or tranquility of Muslims." And since our founding, American Muslims have enriched the United States. They have fought in our wars, served in government, stood for civil rights, started businesses, taught at our Universities, excelled in our sports arenas, won Nobel Prizes, built our tallest building, and lit the Olympic Torch. And when the first Muslim-American was recently elected to Congress, he took the oath to defend our Constitution using the same Holy Koran that one of our Founding Fathers —Thomas Jefferson— kept in his personal library.
Plantear el Tratado de Trípoli —un documento histórico muy interesante por otra parte debido a que deja claro, poco tiempo después de su formación, que los Estados Unidos de América no es un ente político religioso— como una muestra de que los americanos siempre han tenido buen rollito con los musulmanes hasta los trágicos eventos del siglo XIX es patético y creo que deshonesto viniendo de alguien a quien se le supone una mínima cultura.
Tras la firma del tratado, los estados berberiscos (ligados a Estambul pero
de facto independientes y dedicados principalmente a la piratería y al esclavismo en el sur del Mediterráneo) no parecieron concederle demasiada importancia y siguieron demandando un tributo a cambio de no atacar las naves estadounidenses. Los americanos inicialmente aceptaron y destinaron una parte del presupuesto federal al pago de dicho tributo pero finalmente la cosa se volvió insostenible y se desencadenó la Primera Guerra Berberisca (hubo una segunda a los pocos años).
Y encima hace referencia a un Corán de Thomas Jefferson, quien, antes de ser presidente, tuvo una enriquecedora charla en Londres con el embajador de Trípoli. Según sus propias palabras (esto ya
lo comenté hace tiempo):
It was written in their Koran, that all nations which had not acknowledged the Prophet were sinners, whom it was the right and duty of the faithful to plunder and enslave; and that every muslim who was slain in this warfare was sure to go to paradise. He said, also, that the man who was the first to board a vessel had one slave over and above his share, and that when they sprang to the deck of an enemy's ship, every sailor held a dagger in each hand and a third in his mouth; which usually struck such terror into the foe that they cried out for quarter at once.
Di cuanto quieras de antorchitas, boxeadores o congresistas; todos ellos negros y conversos al Islam desde su cómoda vida occidental. (Personalmente los americanos que se convierten al islam me resultan muy patéticos, si hay negros musulmanes es porque fueron esclavizados por piratas árabes en las costas orientales africanas).
Y otro pasaje que me pareció especialmente ofensivo:
The fifth issue that we must address together is religious freedom. Islam has a proud tradition of tolerance. We see it in the history of Andalusia and Cordoba during the Inquisition. I saw it firsthand as a child in Indonesia, where devout Christians worshiped freely in an overwhelmingly Muslim country. That is the spirit we need today. People in every country should be free to choose and live their faith based upon the persuasion of the mind, heart, and soul. This tolerance is essential for religion to thrive, but it is being challenged in many different ways.
Sin saber muy bien si la mezcla Andalucía-Córdoba-Inquisición es que la transcripción es incorrecta, se le trabó la lengua o que su redactor de discursos es gilipollas; plantear que el islam
tolera la diversidad religiosa es escandaloso cuando es bien sabido que a los no pertenecientes a la Umma se les aplica un gravamen fiscal especial por profesar su religión.
En conclusión: las palabras de Obama podrán tener algún efecto sobre los la población mora, pero si es así se deberá a el campo de deformación de la realidad que le rodea y no por un cambio real en la forma de tratar al Islam por parte del Gobierno de los Estados Unidos.