lunes 13 de abril de 2009

La gallina y sus suculentos huevos

De niño nunca entendí la fábula de la gallina de los huevos de oro. Con esto quiero decir que no me cabía en la cabeza que nadie en su sano juicio, ni siquiera un personaje de una historia de niños, pensase que en el seno de una gallina se pudiesen alojar más de cuatro o cinco huevos de oro. Menos si estamos asumiendo que los huevos eran de oro macizo de gran pureza.

Pero hoy viendo un documental sobre la importancia de la labor empresarial en Intereconomía, un banquero de inversión que contaba su historia puso ese mismo cuento como ejemplo de la poca profundidad con la que piensan quienes creen que los empresarios, prestamistas e intermediarios —o incluso los altos ejecutivos de las grandes corporaciones— no hacen más que chupar como sabandijas a la población productiva sin aportar nada; y que por ello se puede prescindir de ellos y seguir obteniendo los mismos resultados.

Un análisis más detallado de cualquiera de estas ocupaciones revela que el empresario aúna los esfuerzos de múltiples individuos con talentos dispares; el prestamista ofrece a quien no cuenta con suficiente dinero la posibilidad de financiar inversiones que superen su capital propio y el intermediario se encarga de llevar el producto de donde se produce a donde se consume y tal y como quiere se consumido. Pensar lo contrario sólo consigue ralentizar el desarrollo humano y reducir el bienestar de los individuos.

Si hay algún otro bicho raro que lea esto quien, como yo, no hubiera entendido la fábula de niño; espero haberle ayudado.