miércoles 31 de diciembre de 2008

Movilidad y dinamismo

Con la excusa de cohesionar la sociedad, muchos países de Europa occidental —muy especialmente España— toman medidas cuyo fin último, muchas veces no intencionado es el excesivo enraizamiento de la sociedad en un pequeño entorno geográfico. La enfermiza Política Agraria Común que logra que los malos agricultores sigan produciendo y los buenos tengan que adaptarse a las ridículas directrices de los burócratas europeos; la obsesión autonómica de que en cada provincia española haya al menos una universidad; las oposiciones en las que se incluyen conocimientos puramente locales con el fin de impedir el acceso a los forasteros; y sobre los nacionalismos sobran los comentarios.
Por si España no fuese ya una sociedad que, debido a la legislación, es súmamente rígida y poco dinámica; este tipo de políticas acentúan aun más ese problema. Poca es la gente que no está dispuesta a moverse de su lugar de origen por motivos laborales; los jóvenes que se deciden a estudiar una carrera muchas veces eligen ésta y el centro donde la cursarán en función de la proximidad a su lugar de residencia, hasta el absurdo de decantarse por distintas universidades sitas en la misma provincia según este baremo.

Los inconvenientes de esta falta de movilidad resultan evidentes. No es difícil percatarse de que el potencial individual no suele atender a factores ambientales pero sí lo hace su desarrollo. Así, un genio de las matemáticas puede proceder de cualquier estrato social y de cualquier region, pero si por los motivos que fueren —en nuestro caso, el poco dinamismo social unido a la poca movilidad física— ese individuo no puede desplazarse o integrarse en un entorno en el que sí pueda desarrollar su potencial, se quedará en un mero profesor de instituto, o un simple dependiente al que se le da muy bien hacer cálculos con la cabeza.

La movilidad social —que los individuos trabajadores y con talento puedan prosperar en la medida de su éxito y que los herederos derrochadores se hundan junto con sus fortunas— es una característica sine qua non de las sociedades abiertas, pero seguramente se fundamente sobre la movilidad física: que no haya incentivos perversos que anclen a los hombres allí de donde son originarios.

Los presidentillos y ministrines autonómicos se sentirán muy bien cuando abren una universidad o campus en una provincia poco poblada, por los votos y por la cantidad de nuevos puestos para colocarse y colocar a sus amiguetes cuando el poder cambie. Y los locales quizás se emocionen pensando que eso hará que sus hijos prosperen y se lo recompensen a los políticos con su voto. Pero lo cierto es que cuando todo esto viene del estado y no está sometido a la descentralización del mercado, el resultado es lentitud rigidez y endogamia intelectual.

Desde Sobre la Línea les deseo a todos un próspero y dinámico año MMIX.

3 comentarios:

citoyen dijo...

"La enfermiza Política Agraria Común que logra que los malos agricultores sigan produciendo y los buenos tengan que adaptarse a las ridículas directrices de los burócratas europeos;"

Eso es una deformación como un castillo. La PAC persiste porque hay un grupo de estados- entre ellos el nuestro- que se resiste a que desaparezca, pero la Comisión- los "burócratas"- lleva, al menos desde tiempos de Delors, intentando reducir la parte del presupuesto que ocupa la PAC. No termino de ver como fuerza a los "buenos" a adaptarse http://elagricultorenpeligro.com/?page_id=32

Por lo demás, las directrices que establecen son-normalmente- requisitos de calidad para que los productos puedan circular sin controles de calidad en la frontera- en general, siempre que hay una regulación a nivel europeo, tiene por fin el de armonizar las regulaciones para evitar que cada país aplique las suyos y permitir que las mercancías/personas circulen correctamente.

La PAC es un engendro proteccionista y yo soy partidario de quemarlo en la hoguera; ahora bien, lo de que impide que los agricultores buenos progresen no veo muy bien a qué te refieres.

snipfer dijo...

Veo que, como futuro burócrata, te he tocado la fibra sensible.

Evidentemente no quería que este artículo tratase sobre las maldades de la PAC, y por eso es dejado caer esa frase periodística (llamativa pero con poco contenido). Como con tantas cosas, yo me refiero a las ganas que tienen muchos de meterse a hacer el trabajo del mercado sobrerregulando el comercio.

Al final tanta regulación, difícil de lidiar, hace que en el mercado prosperen los que están más capacitados, no para ofrecer buenos productos, sino para satisfacer al regulador; cuyos deseos no se satisfacen solamente con controles de calidad, sino también con cuotas nacionales, privilegio de producción en base a lo que se ha venido produciendo (casualmente algo que hace que la agricultura no sea nada dinámica), etc.

Satisfacción que cada vez se ha vuelto más y más compleja para intentar evitar las triquiñuelas que los agricultores les van haciendo.

<b>Libertymad</b> dijo...

En la segunda mitad de los años 70, el presidente Jimmy Carter llevó a cab una serie de liberalizaciones en la economía norteamericana porque sus asesores advirtieron de que el mercado interior tenía que funcionar de forma fluida. Había que minimizar los costes de transacción. Cualquier política económica, aunque fuese intervencionista, nunca debía amenazar la unidad de mercado. Desde entonces, el Tribunal Supremo de aquel país ha anulado mucha legislación de los estados que iba en la dirección que se observa en España. Aquí vamos al revés, con un TC que, ante la duda, siempre da la razón a las CCAAs. Así nos va.