domingo 2 de noviembre de 2008

¡Que vienen los neocons!

Estamos sumidos en una crisis tanto doméstica como internacional.
Mucho upheaval, mucho turmoil, pero si para algo está sirviendo esta crisis no es precisamente para extender por el mundo la ideas económicas de los Chicago Boys, como algunos colgados mantienen.
Más bien al contrario, lo que se escucha desde todos los ámbitos políticos es una descarada defensa de la intervención por la intervención. Un gabacho megalómano —¡Y pensar que hubo quien lo calificó de liberal!— pretende refundar el capitalismo (¿Alguien recuerda la primera fundación?) sobre la moralidad, ignorando que precisamente el mercado surge evolutivamente de la moralidad de sus participantes; otro megalómano, aunque de menos éxito internacional, ignora la rigidez que inmoviliza la economía de su país y continúa pensando que vive en Jauja mientras da palmas con las orejas ante "el colapso del modelo neoliberal"; y allende los mares, un veleta desconocido experto en crear hype a base de humo responde a cualquier problema con cambio, cambio y más cambio —como si sólo saliese de casa con Benjamines en la cartera— mientras pretende extender la riqueza como si de margarina se tratase.
Si alguien ve el capitalismo salvaje y depredador hacia el que nos dirigen, que por favor me avise y me diga desde donde se aproxima.

El caso es que los tiempos de crisis no suelen aprovecharse para liberalizar y crear un ordenamiento más acorde con la naturaleza humana que descentralice las decisiones y establezca un marco adecuado para desincentivar los comportamientos indeseables. Es más, suele suceder lo contrario, y ahí están la gran depresión y la subsiguiente New Deal, o la Hiperinflación Alemana y el subsiguiente ascenso al poder de los Nacional-Socialistas para probarlo. Como ahora, se recurre a más intervención y más peso estatal aprovechando que la gente tiene malas expectativas sobre el futuro y está más dispuesta a que El Estado le saque las castañas del fuego. Todos sabemos de la asimetría de la relación Estado-ciudadano.

Tampoco se puede decir que el sentir y actuar generalizado, centrado en más regulación —a nadie parece importarle que ésta sea o no mejor—, inyecciones de liquidez e iniciativa estatal, sea el resultado de un movimiento pendular proveniente de un extremo en el que la anarquía de mercado (entiéndase el oxímoron) y la despreocupación del estado en la economía fuesen la norma.
Un análisis clásico detallado de los agentes detonantes de esta crisis no deja lugar a dudas de que ha sido el toquitear los engranajes del mercado creyendo predecir todos sus efectos lo que ha desembocado en deudas impagables, falta de liquidez y desabastecimiento con excendente; por sólo nombrar unas pocas consecuencias.

Aun si una economía con una regulación de menor alcance pero con mayor fuerza —lo que realmente es la clave— pudiese desembocar en crisis (periódicas o no) debido a motivos estructurales, ello no supone de manera alguna una razón para limitar la validez del mercado: el único mecanismo capaz de distribuir el riesgo, marcar precios y abastecer al mayor número de personas. Desde luego que es un mecanismo sub-óptimo (como casi todo), pero ha evolucionado para convertirse en lo más adecuado que existe.



Otra evidente consecuencia de la crisis actual es la especial agitación de economistas ortodoxos. Cual secta que anuncia el fin del mundo aprovechan cualquier indicio de crisis para hacernos tragar sus apriorismos infundados. Ya sean aquellos que creen en la maldad del comercio o quienes piensan que éste puede tener lugar al margen del orden social, cualquier contratiempo es bueno para pregonar la inviabilidad a largo, medio o corto plazo del modelo económico vigente.

Suelen basar toda su argumentación en un par de ignoratio elenchi que parecen desmontar la validez del modelo que atacan cuando lo único que hacen es mostrar algunas de las simplificaciones necesarias para que todo modelo, ya sea científico o cientifico-social, tenga utilidad práctica. Unos pondrán el grito en el cielo por los desvalidos que se quedan fuera del mercado (como si no existiesen otros mecanismos alternativos al mercado y que no pasan por la estatalización) y otros se indignarán ante el hecho de que el modelo de la economía estandar no contempla los prejuicios cognitivos de los consumidores o la falta de información, cuando el hecho es que a gran escala semejantes consideraciones no tienen importancia. Y luego están los aurófilos, capaces de dirigir cualquier tema hacia la catástrofe que se acerca si no volvemos al bienamado metal noble, ignorando que una de las peores y mas largas crisis económicas de la historia, la Española, tuvo lugar en un modelo económico basado exclusivamente en el oro.



Lo ideal sería que se analizasen detalladamente las causas de esta crísis, que dejando de lado prejuicios ideológicos no son excesivamente obscuras, y se establecieran las correcciones necesarias. Pero visto lo visto y ateniéndonos a la historia, en situación de crisis lo que nos espera es todo lo contrario.

1 comentarios:

Paloma dijo...

Yo si no veo chapas de colores y maricas, no me leo un post tan largo, sorry ;) Pero me siento muy honrada de que tú sí me leas de vez en cuando. Muy fuerte el circo Obama. A ver qué pasa ahora.